Botas de siete leguas

Mandawa

 

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Volvemos al coche, ya con un poco de ganas de acabar con estas palizas de varias horas. Nos esperaban otras cuatro horas hasta el siguiente destino: Mandawa, un pueblecito donde en un principio no pensábamos parar pero que fue un acierto.

Mandawa parecía un lugar tradicional, de esos donde el tiempo no pasa. Me llamó la atención que algunas  mujeres llevaban la cara totalmente tapada por un pañuelo fino de color fucsia para ver a través de el, otras pocas llevaban burka. No había apenas coches, ni rickshaws, las vacas y los burros andaban a sus anchas por las calles, los niños jugaban, hombres y mujeres transportaban objetos sobre sus cabezas…

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Puesto de frutas

 

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El mercado

 

Uno de los chicos que llevaban el hotel donde estábamos alojados se empeñó en enseñarnos el pueblo ( ya teníamos claro que luchar contra la insistencia de los indios era batalla perdida). Tenía bastante idea de arte porque había estado estudiando Historia y arte en Jaipur, así que nos contó cosas muy interesantes sobre el pueblo como por ejemplo que durante el siglo XVIII aprovechando que estaba dentro de la ruta de paso para el comercio con otras ciudades como Jaipur o Bikaner, se asentaron familias muy ricas de mercaderes.

 

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Si por algo destaca la región de Shekawati es por la cantidad de Havelis que hay. En Mandawa se pueden visitar algunos con pinturas curiosas como por ejemplo el Sharaf Haveli en donde se pueden ver la imagen de un Marahá atusándose sus largos bigotes. Es de propiedad particular y la entrada cuesta unas 100 rupias. Otros havelis que merece la pena ver son el Binsdhar Newatia Haveli, el Murmia Haveli y el Goenka haveli.

Mandawa, como la mayoría de ciudades también tiene un gran fuerte. Fue construido por los rajputs cuando fundaron  la ciudad en en el siglo XVIII. Actualmente, parte ha sido convertido en un hotel, aunque el resto se puede visitar.

Mandawa fort

Mandawa fort

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En Mandawa también nos engatusaron para entrar a una supuesta “escuela de arte” donde desarrollaban una técnica exclusiva para pintar miniaturas. Nos enseñaron como 20 láminas hasta que nos pusimos bordes porque no aceptaban un NO por respuesta.

Por la noche cenamos en el hotel y estuvimos hablando con el chico que nos guió por el pueblo. Nos habló sobre todo de como era la vida en los pueblos, del sistema de castas y sobre todo del papel de la mujer. Por ejemplo, opinaba que su mujer tenía que ir tapada y que no podía mirar a ningún otro hombre, si pillaba a un hombre mirándola, era culpa de su mujer porque de alguna manera lo había provocado.

Alguna de las historias entre castas que nos contó me hicieron pensar que había retrocedido hasta la Edad Media. En Mandawa y en los pueblos de los alrededores había habido algún caso en el que el padre de una chica mataba a su novio con una espada por ser de otra casta, o historias atroces de violaciones en los que encima se consideraba culpable a la mujer y era castigada. Aunque eran historias a las que estamos acostumbrados a oir en las noticias, resultaban increíbles contadas en boca de una persona que pensaba de aquella manera.

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