Botas de siete leguas

Higashiyama sur

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Día 5

Hasta ahora había tenido siempre suerte y no me había pasado nada estando de viaje, de echo siempre me planteaba si cogía un seguro médico cuando viajaba lejos o si prescindía de él. Pues hoy, llegó  ese día, el día en que por una infección de orina tuve que visitar un hospital en Japón.

 La idea era ir a una farmacia para que me dieran algún tipo de medicamento que me quitara los síntomas. Ilusa de mi, pensaba que iba a ser así de fácil.

Había sido previsora y ya llevaba traducido al japonés en el móvil lo que me pasaba, me dijo algo en su idioma…ni papa. Allí, además no tenía  wifi!  Tras 5 minutos me enseña su movil y leo “prescription”

VALE. A ver como le hago  ver  a la farmacéutica que no quiero un antibiótico, sino algo que me quite los síntomas. Tras otros cinco minutos de gestos e intentos de escribir me enseña su móvil y leo “hospital”. Toma ya! día perdido.

La farmacéutica debió pensar que era más fácil llevarme ella misma que explicármelo, así que se fue hacia la puerta y me hizo un gesto para que la acompañara. Por suerte el hospital  solo estaba a dos calles, pero la farmacéutica tan maja me acompañó hasta el mismo mostrador.

Llegamos y por supuesto nadie entendía lo que me pasaba, me dieron unos papeles para que los rellenara  y yo pensando: “Estoy en Japón, me van a sablear” así que  les intenté explicar que tenía un seguro y que quería llamarlos para que me dijeran dónde ir. . Pasé como 15 minutos para explicarle el significado de la palabra “insurance” a todos los recepcionistas, doctores y pacientes que intentaban ayudar.

Al final  desistí y pensé que ya me las arreglaría con el seguro más tarde.

Al final, no me salió tan mal la jugada, solo me cobraron 30 euros por la visita, pastillas incluidas. Además me atendieron rapidísimo y en cuestión de 20 minutos ya estábamos saliendo por la puerta.

 


Después de esta pequeña anécdota, cogimos el bus 207 hasta la parada Sanjo-Dori.  Pensábamos  hacer la ruta que nos marcaba nuestra querida Lonely Planet por la zona sur de Higashiyama y que duraba unas 4 horas.

Nada más llegar, ya vimos  que estába abarrotado de turistas y de japoneses con kimonos. Por lo visto  era bastante habitual ponerse el traje regional cuando se visitaban templos. Aprovechamos a hacernos algunas fotos con ellos.

 Las  calles estaban repletas de tiendas con todo tipo de artesanías y productos japoneses, perfecto para aprovechar a comprar algún souvenir.  Vi una tienda dedicada exclusivamente a los palillos para comer y compré un par…para no perder la costumbre en España jejeje.

El primer templo al que llegamos tras una cuesta muy empinada fue el KIYUMIZU-DERA. 

Kiyomizu-dera

entrada al Kiyumizu-dera

 

12656049_10208201358929187_1218012606_oEl kiyumizudera que significa templo del agua pura, es un conjunto de subtemplos, monumentos y puertas. Se construyó en el año 798, aunque la estructura que vemos actualmente es de 1633.

Fuimos pasando templos más pequeños de color naranja hasta llegar al templo principal.

Para subir al santuario, el Jishu-jinja te tenías que descalzar. Una vez allí veías como mucha gente se arrodillaban, rezaban y luego golpeaban con un palo de madera una especie de caldero. Desde la terraza de la sala principal las vistas de toda la colina eran impresionantes! Toda aquella zona era muy verde, llena de bosques y montañas.

Merecía la pena bajar a la cascada Otowa-no-taki, cuyas aguas cuentan que son sagradas y que si bebes tendrás más salud y envejecerás más tarde. La cola para beber de la fuente era larguísima así que seguimos nuestro camino.

 

 

 

 

 

 

 

Saliendo del templo bajamos por las calles del barrio de NINNEN ZAKA y SANNEN-ZAKA, un barrio muy cuco lleno de pequeñas tiendas de recuerdos, restaurantes  y casas tradicionales de madera.

Ninen- Zaka

Ninen- Zaka

Como ya era hora de comer y el sol era insoportable nos metimos por las callejas en busca de un restaurante.

Llegamos al HISAGO, un restaurante conocido por sus  platos de arroz y fideos. Tras esperar un poco, sentados los bancos de madera de fuera ( suele haber cola) entramos y nos pedimos la especialidad del lugar: el “Oyako Don”, que es arroz blanco con huevo, pollo y cebolla y diría que setas. Estaba de muerte!

Lo más sorprendente fue que HOY superé el reto de comer arroz con palillos! nunca había logrado entender como lograban pillar los granos sin que se cayeran. Más adelante descubrí que el arroz lo mojan con vinagre para que se quede pegado y así sea más fácil de comer.

Seguimos nuestra ruta hacia el siguiente templo: el KODAI-JI ( con semejantes  nombrecitos, como para acordarse de cada uno), donde llaman especialmente la atención sus jardines y las pequeñas casas de te.

Kodai-ji

Kodai-ji

Justo después llegamos al parque de MARUYAMA-KOEN, un bonito sitio natural para pasear entre los jardines y los estanques viendo los cerezos en flor ( si tienes la suerte de viajar en Marzo y Abril). Encontramos unos bancos de madera perfectos para cerrar los ojos durante un ratillo. Con el murmullo de los pájaros me quedé sopa en cuestión de segundos.

 

De camino al templo de Chion-in, nos topamos con una enorme estatua, era el RYOZEN KANNON, un mausoleo que rinde homenaje a los  que murieron durante la II guerra mundial. La estatua es una imagen del dios Kannon y está hueca en su interior. Los encargados del memorial cuando pagas la entrada ( 300 Yenes) te dan unas barritas de incienso para que las enciendas y las insertes en el “caldero” central. Es una manera de rezar por ellos o de pedir deseos.

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Ryozen Kannon

Una de las cosas más llamativas de los templos eran las tablillas de madera que aparecían colgadas con diferentes mensajes. Estas tablillas que se llaman concretamente “Ema“, se pueden comprar en cualquier santuario sintoísta. En ellas la gente escribían sus deseos  confiando en que los dioses los cumplieran.

Estas de aquí abajo son una muestra: Que pena no entender las letras japonesas para saber que decían…

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Nos quedaban ya solo dos templos más por ver. El primero, el Chion- in, era un templo budista de considerable tamaño. Su entrada principal ( la San- mon) de dos pisos es la puerta más grande de todo Japón y  ya avisaba de como iba a  ser de grande el templo principal.

Chion-in

Chion-in

Por último, el Shoren-in, es el lugar perfecto para terminar la ruta. El templo en sí, es conocido por ser creado por el fundador de la secta Tendai, Saicho, aunque sin duda, lo mejor de todo son sus jardines. Nos da pena marcharse de un lugar tan bonito y tan cuidado, pero es hora del cierre y ya nos echan 🙁

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El día podría haber terminado visitando el conocido barrio de geishas de Gion, situado no muy lejos del último templo. Sin embargo aquél día no me encontraba muy bien así que decidimos volver al hotel. Bueno, nunca viene mal dejarse cosas por ver, así queda justificada una próxima visita a Japón!

 

 

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