Botas de siete leguas

Volvemos a Kyoto

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Día 12

Como íbamos de camino a Nara y nos habíamos dejado de ver unas cuantas cosas interesantes en Kioto decidimos  quedarnos una noche más en la bonita ciudad de los templos.

Esta vez habíamos reservado un apartamento entero muy apañadico en la zona de Higashimaya. Dejamos las cosas y atravesamos toda la ciudad para ir a ver el famoso templo de oro o KINKAKU-JI ( entrada: 400 yenes), que se llama así porque casi toda su fachada está recubierta de láminas de oro.

*Para ir, se pueden coger los buses 5,17,203 o 204  hasta Ginkakuki- michi o el 32 hasta Ginkakuki-mae).

Si no llevas el billete ya comprado tienes que pagar el importe justo en efectivo. Lo más curioso es que los buses tienen instaladas unas máquinas para cambiar dinero y otra situada donde el conductor donde metes el dinero por la ranura ( TIENE QUE ESTAR JUSTO PORQUE SI NO LO PIERDES)  lo contabiliza y saca el ticket. El TIEMPO ES ORO en este país!

 


El Kinkakuji está situado al noroeste de la ciudad, en medio del bosque y sobre un lago en el cual parece flotar. Aquí en Japón todo es muy kuki y si de algo saben los japoneses es de tener los jardines impecablemente cuidados.

Lo único malo era los cientos de turistas que había a esa hora, así que si podéis intentad  ir pronto por la mañana o cerca de la hora del cierre para disfrutarlo sin gente.

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Después de dar un volteo alrededor, cogimos otro bus para otra vez atravesar toda la ciudad en dirección opuesta hacia otro de los templos más famosos de la ciudad: el FUSHIMI-INARI, un templo muy conocido por los caminos que guían hasta el templo  llenos de Toriis de color naranja pegados los  unos a los otros.

Para ir tienes que coger un tren de la línea JR que te deja en Inari, la parada más cercana a templo.

Este santuario sintoísta es el principal dedicado al Dios Inari, el Dios del arroz y el patrón de los comerciantes.  De echo, las inscripciones que veréis grabadas en las puertas son los nombres de todos estos comerciantes que donaron los Toriis al Dios con la esperanza de que fuera bueno con sus cosechas. En total hay casi 4 largos kilómtros de camino. Aquello parecía no tener fin!

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