Botas de siete leguas

Trinidad

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Volvimos a compartir taxi hacia Trinidad, esta vez con dos mujeres holandesas a las que les habían sableado 15 CUCS por persona, cuando nosotros estábamos pagando 6 CUCS por cabeza. No son listos los cubanos apenas.

Aunque está bastante cerca, se tarda una hora en llegar a Trinidad porque la carretera esta en mal estado, hay baches y curvas. A lo lejos se empezaba a divisar la sierra: TOPES DE COLLANTES, una de las cadenas montañosas más importantes de la isla. De camino también pasamos por algunas calas muy bonitas. Le dijimos al taxista que nos dejara por la calle Gutierrez que habíamos visto en la guía que era muy céntrica Por allí miraríamos casa.

Al final preguntando a una mujer que paseaba por la calle nos derivó a CASA VENEGAS, una casa colonial muy grande que nos encantó desde el primer momento. Los muebles eran antiguos y atravesando el salón se llegaba a un patio interior con plantas y mecedoras donde estaba nuestro cuarto. La casa tenía terraza en la azotea y desde allí arriba se veía todo el pueblo. Lo característico de Trinidad eran sus casitas de colores a ambos lados de las calles empedradas. Los trovadores tocaban en cada esquina, se notaba que era muy turístico.

En la misma calle de la casa, había un lugar donde preparaban jugos naturales muy refrescantes! la fruta estaba expuesta, tu la seleccionabas y al momento te servían el jugo. Descubrimos nuevas frutas que jamás habíamos visto como el maguey o el tamarindo. Era difícil decidirse aunque  yo que tenía las tripas revueltas después del viaje opté por algo más aburrido, el jugo de banana.

Dificil decisión

dificil decisión

Doblamos por la Calle Rosario y entramos al MUSEO DE LA ARQUITECTURA COLONIAL, donde lo más impresionante es el patio de planta cuadrada, característico de las casas coloniales en su interior. Se puede subir por unas escaleras de caracol  del edificio y ver  impresionantes vistas de Trinidad y las montañas. El museo muestra a través de murales y otros objetos la historia de la ciudad.

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vistas desde el museo colonias

vistas desde el museo colonial

 

Nos sentamos en el porche del restaurante JIGUE, donde estaban unos trovadores tocando.  El restaurante era bastante turístico porque era muy bonito, una casa colonial. Probamos su especialidad: el pollo gratinado con queso acompañado de espaguetis y tomate frito (6,5 CUCS). Fusión comida italiano-cubana.

A media tarde dimos un paseo por Trinidad, pasamos por la PLAZA MAYOR, donde se encuentra la iglesia de la Santísima Trinidad . En su lado izquierdo montones de personas se dan cita o se sientan en las escaleras para conectarse al wifi ( especialmente turistas) mientras oyen la música de la famosísima casa de la Música. La plaza Mayor lo rodean edificios del siglo XVIII Y XIX, pertenecientes a ricachones mercaderes que hacían negocio comerciando con esclavos y caña de azúcar.

Fuimos por la calle Cristo hasta el convento de San Francisco de Asís. Allí enfrente está el CAFÉ DON PEPE, visita obligada si estas en Trinidad. Aunque soy bastante escéptica con los lugares que recomienda la Lonely Planet este sitio era fabuloso, tanto por el sitio en si ( varios espacios llenos de vegetación  en cuyas paredes hay diversos cuadros pintados a mano) como por los cafés que sirven. De echo es un lugar especializado en cafés, tienen como 30 clases diferentes. Nos pedimos un Bombón helado buenísimo

Cogimos más adelante la calle Amargura, para mi, la que tiene más encanto de la ciudad. Se pasa por distintas casas antiguas pintadas con llamativos colores hasta desembocar en la PLAZA DE LAS TRES CRUCES.  Las primeras casas de la ciudad se construyeron alrededor de esta plaza, que se convirtió más adelante en una zona de carácter religioso donde tenían lugar procesiones y otras celebraciones. Las tres cruces que allí se levantan han dado nombre a la plaza.

Damos un rodeo completo a la ciudad hasta volver al punto de partida y de allí, bajamos por la Calle Colón, llena de tiendas de recuerdos y artesanías. De allí giramos por la calle Jesús María hasta llegar a la Plaza Carillo, donde se encuentra el Ayuntamiento y el imponente hotel Iberostar. Nos quedamos sentados en un banco escuchando las conversaciones de la gente hasta que nos empezaron a picar los mosquitos.

 No teníamos mucha hambre, así que nos pedimos para llevar un par de hamburguesas en un sitio de hamburguesas y fuimos directos a las escalinatas de la casa de la Música, que estaban abarrotadas. Ese día había un espectáculo gratuito ( se ve que hay algunos días de la semana que cortan el acceso y debes pagar para entrar). Tuvimos suerte de encontrar unos huecos entre la multitud para ver el espectáculo. Como bailaba aquella gente! Había algún turista que se atrevía a practicar los pasos que había aprendido en alguna casa de salsa pero básicamente se veían cubanos. Fue impresionante ver el ritmo que llevaban algunos abuelos.

 

Casa de la música

Casa de la música

 

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