Valle de Viñales

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Nos despedimos de los familiares de Lucía y cogemos un taxi que nos lleva a la estación de VIAZUL. Tuvimos la suerte de que nada más bajar del coche nos ofrecieran un colectivo por 15 CUCS/ persona a Viñales. El viaje duraba dos horas aprox y íbamos en el Chévrolet con otras tres personas. Por la carretera nos llamó muchísimo la atención la cantidad de carteles de propaganda política que había. Más adelante veríamos que esto sería lo normal por toda Cuba.

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Cartel de propaganda

Habitación en casa Marily

Habitación en casa Marily

Dimos unas cuantas vueltas por el pueblo, e incluso pasamos por delante hasta que dimos con CASA MARILYN, donde teníamos reserva, o eso pensaba, porque nada más llegar Marilyn nos miró extrañada y al decir mi nombre, la mujer me dijo que nuestra reserva era para AYER! Efectivamente mi voucher así lo indicaba. Se le veía un poco molesta porque nos dijo que nos había estado esperando todo el día y por lo tanto no había vendido la habitación. No obstante, habíamos llegado pronto y tenía la habitación libre, incluso nos respetó el precio que teníamos. ( 25 CUCS + 5 desayuno por persona). Ofrecía cena por 10 CUCS pero decidimos cenar mejor fuera.

Nos regaló un zumo de mango, rellenamos el libro de registro ( todas las casas particulares lo tienen que tener) y nos explicó todas las excursiones que se podían hacer por la zona. Ella tenía amigos que organizaban excursiones por el valle, tanto a pie como a caballo  y conocidos que tenían colectivos y te llevaban a donde quisieses. Me imagino que en cualquier casa que vayas tendrán contactos, si no, en la plaza CUBANACAN vende numerosos tours. Además de las excursiones que se pueden hacer por la zona, también ofrecen la excursión a MARIA LA GORDA, famoso centro de buceo situado a 170 km de Viñales o a algunos cayos como CAYO LEVISA o CAYO JUTIAS

La casa la verdad que estaba muy bien. En el porche teníamos dos mecedoras para ver las vistas y desde la azotea de la casa se veía todo el valle.

 

Fuimos a ver el pueblo. En realidad eran cuatro calles, no había mucho que ver, aunque dada su ubicación era exageradamente turístico. Prácticamente cada casa que había era una casa particular. Se reconocían por un simbolito azul a la entrada. Comimos en una pizzeria de la calle principal. Nos pareció bastante caro, con tanto turismo se habían flipado con los precios.

 

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A media tarde fuimos a montar a caballo por el valle de PALMARITO ( 5 CUCS por hora por persona). Nos quedamos esperando un buen rato en el porche porque había tormenta. Según decían, las tormentas eran muy frecuentes por esta zona y había tal cantidad de rayos que había ya unos cuantos de personas que habían muerto por los rayos.

Nuestro guía se llamaba Roberto. Nos vino a recoger, nos llevó a la cuadra y yo monté a COCO LOCO, el nombre era muy acertado porque solía hacer lo que le daba la gana, sobre todo meterme en cualquier zarza para comer.

El valle era precioso, lleno de vegetación y sobresaliendo al fondo las montañas redondas ( llamadas mogotes).. El verde  resaltaba con la tierra rojiza mojada. Por el camino se veían árboles de lo más diversos, plátanos, mangos, cocoteros, yucas, ciruelos etc,.también animales como cabras, cerdos y gallos. ( Por esta zona era muy común que cada familia tuviera gallos de pelea)

Una de las rutas es la que te llevan a ver un secadero de tabaco y la  CUEVA DEL SILENCIO. Nos preguntaron si queríamos ir a ver el proceso de elaboración del tabaco pero no estábamos especialmente interesados.

 

El camino iba atravesando en algún momento algún pequeño riachuelo y tenía bastante fango. Íbamos paseando aunque bastante a menudo Roberto les daba con el látigo y se echaban a trotar o incluso a galopar. Un consejo importante: no os pongáis pantalón corto! Yo como no sabía montar, me hice una gran herida en el muslo del roce.

La excursión terminaba en la cueva del silencio, una cueva subterránea lleno de estalactitas y estalagmitas donde el río se introduce formando en el interior un pequeño lago. En algunas zonas llega a cubrir casi 2 metros. Ese día como había llovido, las aguas estaban muy turbias y solo hubo unos pocos valientes que se atrevieron a meterse.

A la vuelta nos atrapó la tormenta. Menos mal que a mitad de camino había una cabaña donde servían bebidas.

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Cenamos en el bar Apululu, un restaurante de la calle principal que servía sandwiches y hamburguesas. La hamburguesa gratinada que llevaba el nombre del bar estaba de muerte!

 

 

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