Botas de siete leguas

El Morro y regreso a la Habana

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Ayer nos pasamos el día a remojo en el hotel las Américas, un hotel a las afueras de Santiago de Cuba con piscina donde por un módico precio te dejan utilizarla. Nosotros nos habíamos colado porque  la recepcionista con cara de pocos amigos nos había dicho de malas maneras que estaba completa ( a las 10 de la mañana!)

Hoy pensábamos ir al Morro, una Fortaleza parecida a la de la Habana que se construyó para defenderse de los ataques de los piratas en los siglos XVIII y XIX.

La entrada al fuerte costaba 4 CUCS por persona. De camino había unos cuantos tenderetes con artesanías y un restaurante donde se veían vistas de la fortaleza y los acantilados.

La fortaleza fue está restaurada debido a  par de terremotos y ataques durante la guerra de la Independencia. No obstante, se conservaba muy bien y te daba la sensación de recrear en tu imaginación aquella época de corsarios. Ahora los lagartos campaban a sus anchas y se escabullían cuando te acercabas a ellos.

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Conseguimos llegar a un acuerdo con un taxista, por 20 CUCS nos llevaría y nos traería del Morro y también nos llevaría al aeropuerto. Al volver el taxista se molestó porque le guiamos mal y tuvo que parar un rato debido al tráfico de la calle. Los taxistas de esta ciudad si que eran un poquito especiales, ayer también nos había tocado otro bastante “singular” por no llamarlo de otra manera.

El aeropuerto de Santiago era bastante pequeño, había cinco o seis vuelos, la mayoría a la Habana. Nuestro vuelo salía a las 18h así que íbamos con mucho tiempo, aprovechamos a comer unos sandwiches de pollo y a leer un poco antes de coger el avión.

LLegamos a la Habana en hora y poco. Aunque nos salió carete el vuelo agradecimos coger el avión ya que por carretera eran unas 12 horas, si no se te pinchaba una rueda. Al llegar llovía y tronaba de una forma aterradora. Jamás he visto tanto rayo seguido en el cielo! A pesar de ello, nos echamos andar por la carretera hasta llegar a la parada de guaguas. Los taxis tenían un precio oficial de 25 CUCS por llevarte a cualquier parte de la ciudad y el bus solo costaba 2 pesos cubanos, osea una miseria. Por esa diferencia valía la pena intentarlo.

Preguntamos en el hostal Peregrino pero estaba completo. El dueño empezó a hacer unas llamadas sin éxito a gente conocida para ver si nos podía encontrar algún sitio. Le dimos las gracias y volvimos para atrás para preguntar nosotros mismos. En aquella calle todas las casas alquilaban habitaciones, malo sería que no encontráramos ni una…Nos vino un jinetero pesado ofreciéndonos de todo, incluso cuando fuimos a preguntar en una de las casas nos dijo al principio que ya estaba llena. Ya habíamos oído hablar de estos timos así que llamamos al timbre igualmente. Se llamaba Hostal Matos Galán.

Tuve razón, el chico que lo atendía nos dijo que tenía habitaciones libres. Lo más fuerte es que el jinetero empezó a hablarle como si el nos hubiera aconsejado ese sitio y así llevarse la comisión!

Nos dejó la habitación a 30 CUCS que para ser pleno centro de la Habana no estaba tan mal. Además tenía aire acondicionado de los buenos, por lo menos dormiríamos sin ruido. Las habitaciones estaban en una parte independiente de la casa y disponían de cocina y una terraza en la azotea llena de plantas donde se servía el desayuno por otros 5 CUCS.

Fuimos a cenar a un restaurante modernillo situado en la misma calle. Se llamaba Chacón 162. Fue la cena más cara en todas las vacaciones pero bien mereció darse el capricho. Me pedí cordero con chocolate y romero y de postre una cheesecake de fresa. Muy recomendable este local, además que los camareros eran majísimos

 

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