Botas de siete leguas

Habana vieja y Centro Habana

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La primera imagen que me venía a la mente cuando pensaba en la Habana era la de un grupo de Cubanos moviéndose enérgicamente al ritmo del son y de la salsa ( es lo que tiene ver demasiado Dirty Dancing)

No, no era tan exagerado pero en cualquier caso la vida en la ciudad giraba en torno a la música y a dejarse llevar por ella. La naturalidad estaba muy presente no solo al bailar sino también en la manera de ser. Conversaciones que empezaban con un ” Hola, amigo!” podían acabar en algún bar tomando unos tragos o alargarse durante horas en plena calle. Me asombraba esa espontaneidad y desparpajo con el que se acercaban. Lo más seguro que el idioma tenía mucho que ver pero en cualquier caso, fuera lo que fuera nosotros estábamos encantados de que se abrieran y nos hicieron partícipes de su modo de ver las cosas, aunque siempre, con cierto temor, ya que comenté en otro post, hablar de política, sobre todo si es de manera despectiva podía acarrear consecuencias.

 

La Habana es una ciudad para pasear sin prisa, para disfrutar de un café en las modernas cafeterías de alguna callejuela como Mercaderes o Amargura, para sentarse en uno de los bancos de alguna pequeña placita a leer o a escuchar como un improvisado músico toca un instrumento, para hablar y hablar con el señor que lee un periódico en el banco de al lado, para contemplar los imponentes edificios de estilo colonial a punto de derrumbarse o para bailar locamente toda la noche. El único problema es que  la reciente apertura comercial de la isla cada vez está trayendo más turismo, lo cual se hace pesado al caminar por los principales lugares turísticos de la ciudad. Resulta conveniente huir un poco de estas zonas para sentir el verdadero espíritu cubano y escapar de los jineteros.

Calles de la Habana Vieja

 

El  trazado urbano de la Habana Vieja recuerda a las típicas ciudades castellanas en donde las empedradas callejuelas van a parar siempre a alguna plaza. Destacan especialmente estas cuatro plazas:

Plaza de la Catedral

En esta plaza como su propio nombre indica, se encuentra la Catedral, de estilo barroco y que nada tiene que envidiar a la de Santiago de Compostela. Para entrar hace falta llevar pantalones largos y los hombros cubiertos porque de lo contrario no te dejan pasar. Llevar un pañuelo en el bolso siempre viene bien.

En la misma plaza se encuentra el Museo de Arte Colonial donde se exhibe mobiliario colonial y arte decorativo como porcelanas. Justo al lado de este museo está el Callejón del Chorro, que se llama así porque en el año 1592 se construyó un canal hidráulico que abastecía de agua la ciudad. Los ciudadanos venían a la plaza de la Catedral a llenar sus botijos y garrafas.

En la esquina que da a la plaza se muestra un placa que explica el origen del nombre de este calle.

Para desayunar esta muy bien la Pastisseria Bianchini, a mitad del Callejón del Chorro ya que tienen una extensa carta de dulces y salados para desayunar, así como cafés. A pesar de estar bastante concurrida resulta fácil encontrar alguna mesita en el exterior

Finalmente al final del Callejón se encuentra el Taller de Gráfica Experimental, donde varios artistas pintan y exponen sus cuadros. La entrada es gratuita y aunque algunos cuadros eran un poco siniestros se encuentran cosillas interesantes rebuscando entre las láminas

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Plaza de la Catedral

 

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Plaza de Armas

Esta plaza es  la más antigua de la ciudad ( año 1519) y sus funciones en un principio eran comerciales y públicas, de hecho al principio se conocía como ” la de la iglesia”. Más adelante se destinó a usos militares y tomó el nombre actual. La rodean varios edificios de interés como: El Palacio del Segundo Cabo que fue ocupado en sus orígenes por el Intendente de Hacienda y más tarde por el Senado, el Palacio de los Capitanes Generales que actualmente alberga el museo de la ciudad. Aunque no se pague la entrada: 3 CUCS , se puede ver desde fuera el precioso patio central y una estatua de mármol de Cristobal Colón.

En el otro extremo de la plaza se sitúa El Castillo de la Real Fuerza donde se ubica una conocida veleta llamada la giraldilla que es la escultura en bronce más antigua de Cuba. Tanto esta fortaleza como la del Morro constituyeron importantes puntos de defensa contra el asedio de ataques extranjeros

El centro de la plaza esta formado por varios jardines y fuentes, alrededor del cual se ha establecido un mercadillo de libros, láminas y otros artículos de la cultura, el arte y la historia cubana. Aunque muchos puestos tienen artículos repetidos se encuentran curiosos posters de películas cubanas o rodadas en Cuba.

Plaza de Armas

Plaza de Armas

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Estatua de Colón

Plaza de San Francisco

Llamada así por la iglesia de San Francisco de Asís, tenía antiguamente una función comercial. Los barcos españoles cargados de mercancías procedentes de otras partes del mundo atracaban en los muelles que se situaban en las inmediaciones. En el mercado se exponían todo tipo de productos así como esclavos traídos de África. El alto edificio que hay en uno de los lados de la plaza es la Lonja de Comercio, utilizada ahora como centro de negocios.

 

Iglesia de San Francisco de Asís

Iglesia de San Francisco de Asís

Plaza Vieja

Finalizamos nuestro recorrido mañanero en otro de los lugares emblemáticos de la ciudad, la Plaza Vieja. Esta fue construida en 1559 y utilizada inicialmente para ejercicios militares y ejecuciones públicas. Cambio de nombre y de usos más adelante, ya que también sirvió como plaza de toros y mercado al aire libre. En una de las esquinas, el Palacio Cueto, de estilo modernista recuerda a los edificios diseñados por Gaudí

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Plaza Vieja

 

Una vez vista la Habana Vieja salimos hacia el Malecón, donde empezaban a divisarse a lo lejos unos cuentos rayos. Con que facilidad se llegaban a formar las tormentas aquí!

Nos metimos enseguida por una de las calles que se metían hacia el Centro de la Habana para estar más resguardados.

Ayer por la noche cuando llegamos en bus desde el Aeropuerto pasamos por un edificio iluminado que nos pareció colosal, Ahora lo volvíamos a ver, era el Capitolio, muy parecido al Capitolio de Washington.

Aunque desde que se construyó en 1929 fue destinado a albergar las cámaras del Congreso, cuando triunfó la Revolución  fue transformado en la sede del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente. Según he leído se pretende volverle a dar el mismo uso que en sus orígenes en un futuro próximo

Cúpula del Capitolio

Pasamos por el Floridita, que es junto a la Bodeguita del Medio uno de los bares más famosos de la Habana y quizá del mundo entero por ser frecuentado habitualmente por artistas o políticos y especialmente por Ernest Hemingway. Se convirtió en su principal embajador gracias  a su frase:“Mi mojito en La Bodeguita, mi daiquirí en El Floridita“.

La verdad que nosotros solemos rehuir de los sitios muy turísticos así que no puedo hablar de la calidad de sus cocktails para poder afirmar o acallar las críticas que dicen que en realidad no son nada del otro mundo.

La zona del Centro de la Habana está llena de lujosos Hoteles: el Sevilla, el Hotel Plaza, el Intercontinental o el Hotel Inglaterra, que bien merecen verlos aunque sea por fuera por la belleza de sus fachadas. Este último se sitúa enfrente del Parque Central y Próximo al Museo de Bellas Artes. Lo bueno de los hoteles aquí en Cuba es que son de los pocos sitios donde te puedes conectar a internet. En la recepción normalmente venden tarjetas de tiempo limitado pero suelen ser caras, pero siempre se encuentra a algún vendedor ambulante que te las vende a mejor precio. Aprovechamos que caía un aguacero para quedarnos espatarrados en su elegante salón conectándonos de nuevo al mundo.

Coches antiguos para alquilar en el Parque Central

Entre semana, o al menos aquél martes no sabía mucho ambiente en la Habana, salimos a un bar de tapas que tenía una terraza en la azotea.  Estaba en la calle Teniente Rey y se llamaba el Chanchullero. Tenían buenos mojitos y lo mejor de todo era la música, clasicazos del Caribe Mix como “la colegiala o la ventanita” que me recordaron al disco que me regalaron mis padres cuando era una niña.

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