Botas de siete leguas

Cartagena

La llegada

Nada más llegar al aeropuerto de Cartagena ( esta vez hemos cogido vuelo) sentimos que estamos en tierra caliente. La humedad se pega a nuestra piel y la colombiana sentada al lado mío nos da la bienvenida a su tierra. A los de aquí se les llama costeños y tienen fama de joviales y juerguistas. Aleix y Marta, una pareja de españoles que también viaja en el avión nos preguntan si queremos compartir un taxi hasta el centro y como no tenemos otra cosa que hacer nos vamos a cenar con ellos. Nos quedamos en el barrio de Getsemaní, uno de los tres barrios que están dentro de la ciudad amurallada (la parte antigua de la ciudad), popular y alborotado, donde se localizan la mayoría de garitos de salsa. Hemos elegido bien.

Vilma, nuestra anfitriona de labios gruesos (vamos de airbnb en airbnb) aparece gritando mi nombre desde el balcón y mientras tanto los vendedores ambulantes de la calle nos enseñan de todo, gafas, sombreros de I LOVE Colombia y pulseras. (son bastante pesadicos). Me pido en el restaurante de abajo un cocktail de camarones acompañado de arroz con coco y empiezan a caer las cervezas. Estamos tan animados que aprovechando que estamos en el barrio más rumbero nos vamos a dar un volteo.  Al final de la calle, en la plaza están bailando break dance y la gente va bebiendo sus vasos de ron por la calle, la música suena en cada bar.

La ciudad amurallada

Si miras Cartagena en un mapa te darás cuenta que la ciudad amurallada es una pequeñísima parte de la ciudad, y aún así se divide en tres barrios: Santa Catalina, Getsemaní y San Diego. El primero representa la zona más monumental donde se localizan las casas coloniales, los palacios y las iglesias. Getsemaní por el contrario fue un barrio popular donde antiguamente vivía la gente de mala calaña y San Diego, fue un barrio bohemio de clase media que se ha puesto de moda. La gran muralla que rodea esta parte de la ciudad servía para defenderse del ataque de piratas y enemigos y hoy en día está muy bien conservada. La entrada a la ciudad amurallada se efectúa por la puerta de reloj, la cual, como su propia nombre indica, tiene un característico reloj encima.

Pensamos que la mejor manera de conocer la historia de la ciudad era haciendo un free tour. Don Omar (no es broma) nos explicó de maravilla bastantes cosillas mientras nos acosaban los vendedores. Nos habló principalmente de su pasado como ciudad portuaria donde se comerciaba con minerales, esclavos y otras mercancías. No nos portamos especialmente bien con los indígenas aunque hubo personalidades como el misionero jesuita Pedro Claver al que consideraron un santo por tratar humanamente a los esclavos. Se consideraba a si mismo “el esclavo de los negros”.

Los traían desde África y Omar nos contó que todavía existe un pueblo no muy lejos de aquí, llamado San Basilio de Palenque donde sus habitantes hablan una mezcla de español y bantú y se sienten africanos. Un pedacito de África dentro de Colombia.

Visitamos las mansiones palaciegas de las familias más pudientes de la época del virreinado, entre ellas una en donde ahora se sitúa el departamento de Cooperación española perteneciente a la embajada. Se podía reconocer el estatus de la familia que vivía en ellas por los estoperoles que tuviera la puerta y la figura de la aldaba.

Con el tour vimos esculturas y monumentos importantes como la estatua de Pedro de Heredia ( el fundador de la ciudad en 1533), el Palacio de la Inquisición donde se cometieron todo tipo de atrocidades o la Plaza de los coches, donde estaba el mercado de esclavos. Finalizamos nuestra mañana turística en San Diego, que me pareció muy bonito con sus fachadas de colores.

El castillo de San Felipe de Barajas

Esta fortaleza situada en el cerro de San Lázaro es una de las mejor conservadas de toda Colombia, fue construida en 1657 y también asediada constantemente por las tropas inglesas y francesas. Merece la pena coger una audioguía para enterarse un poco que es cada cosa. Tiene pasadizos  oscuros que se comunican entre sí y desde arriba se pueden ver buenas vistas de la zona de Bocagrande.

Bocagrande

No se como será Miami pero me la imagino del estilo. Esta zona de Cartagena nada tiene que ver con el resto. El paisaje se convierte en una sucesión de altas torres y rascacielos , la mayoría apartamentos turísticos y hoteles a los que les hace falta una mano de pintura. En el centro del distrito se puede pasear alrededor de un lago conocido como “el laguito“. A decir verdad no me gustó demasiado, me parecía artificial y su playa inaguantable, no duramos ni cinco minutos. Tan pronto como pisas la arena viene el enjambre de vendedores. Para ir hasta allá se puede hacer caminando (30 minutos) o tomar uno de los buses que pasan por la carretera en esa dirección.  El camino al atardecer desde Bocagrande hasta la ciudad amurallada fue lo mejor por la espectácular puesta de sol que presenciamos.

Bocagrande

El mal rato de Playa Blanca

Playa Blanca es una playa hiper mega turística que se encuentra en la península de Barú. Tiene la ventaja de que esta cerca de Cartagena y se puede acceder por tierra pero NADA MAS. Representa el ejemplo de como el turismo masivo ha ido deteriorando el medio ambiente y debido a estas malas prácticas ya no es la playa paradisíaca que probablemente era antes de su explotación.

Podíamos haber cogido un tour pero preferimos hacerlo por nuestra cuenta y casi nos arrepentimos. Había que coger un autobus local en el centro comercial Mall Paza y fue toda una experiencia, el ballenato sonaba a tope y el bus paraba cada vez que alguien lo pedía. En cada momento subía y bajaba gente cargada con frutas, verduras, pollos o la rueda de un coche. Teníamos que ir a Pasacaballos, una localidad donde presuntamente enlazaríamos con otro autobús. Pues bien, una señora sentada con su hijo casi nos la cuela, menos mal que estuve atenta a la mirada complice que se echó con uno de los hombres que estaba en la calle porque nos dijo que era allí donde teníamos que bajarnos. Nosotros, que no nos fiábamos ni un pelo le preguntamos al conductor, y efectivamente, no era allí donde teníamos que bajar. Pero la historia no acaba aquí, en Pasacaballos no había otra manera de llegar hasta Playa Grande que no fuera en coche o mototaxi ( nos mintieron) queriéndonos cobrar 20.000 pesos por los dos. Por suerte un mototaxi accedió a llevarnos por 15.000 ya que lo compartíamos con una mujer que se bajaba en un pueblo cercano. No se que fue peor, si estar tirados en Pasacaballos o montados en ese rickshaw. El conductor se salió de la carretera y nos condujo por caminos que atravesaban aldeas de chabolas un tanto inquietantes y más, cuando vimos algunos hombres que llevaban machetes. Es triste dejarse llevar por los prejuicios porque finalmente ves que no pasa nada, pero cuando estas en la situación siempre te asalta el temor. Más tarde leeríamos que desaconsejaban ir por aquí porque era una zona insegura en la que se habían cometido asesinatos recientes.

En Playa Blanca los precios eran desorbitados, no pudimos ni comer. Alquilamos una carpa con una silla para cada uno porque no había ni un árbol que diera algo de sombra. La playa era de arena blanca y el agua transparente si, pero era tal la cantidad de gente que había que resultaba agobiante.

 

El regreso a Cartagena lo hicimos en un autobús que nos buscó el mismo chico que nos había alquilado la carpa. No quería volver a repetir la experiencia de la ida ni loca.

Cartagena de noche

Si la ciudad amurallada es bonita de día, de noche tiene una belleza especial, ya sea por la música que suena en cada rincón o por que se puede caminar por encima de la muralla oyendo de fondo el murmullo del Mar Caribe. Si se quiere algo más de marcha, una opción divertida y diferente es subir a una de las chivas fiesteras que recorren la ciudad por la noche, con luces de neón y reguetton bien fuerte.


Consejos

  • En Cartagena no se come tan barato como en otros lugares pero el turismo ha propiciado la apertura de muchos restaurantes interesantes. Si te quieres dar un caprichillo puedes ir a La Cocina del Socorro en Getsemaní o a La Cevicheria en San Diego, aunque en este último hay que reservar si quieres conseguir mesa.

 

  • Nos hablaron muy bien de las islas del Rosario a las que se puede ir en tour a un precio asequible ( hay que preguntar en varias agencias, suelen costar 60.000 pesos e incluyen almuerzo, transporte y visita a las islas).

 

  • Una de las cosas que más echaré de menos de Colombia es la cantidad de frutas diferentes y desconocidas que cultivan: lulo, guanábana, maracuyá, piña, guayaba, tomate de árbol…los jugos están deliciosos y además se pueden pedir en cualquier lugar de Colombia. Hay que probarlos todos! Mi favorito es el jugo de tomate de árbol, cuál es el tuyo?

 


Presupuesto

Habitación doble en Getsemaní: 84.000 pesos

Castillo de San Felipe de Barajas: 17.500 pesos

Precio de una cena en un restaurante normal: 15.500 pesos

Bus local a Bocagrande y Pasacaballos ( Solo ida):  2200 pesos

Bus turístico de Playa Blanca a Cartagena: 20.000 pesos

Carpa con sillas en Playa Blanca: 10.000 pesos (Regateando mucho)

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