Salento

 

El viaje

Para llegar a Salento desde Bogotá había que coger previamente un bus que te llevase a Armenia, una de las principales ciudades que forman el Eje cafetero. Fuimos directamente a la estación. En Colombia es lo mejor porque generalmente se regatea y se pueden conseguir los billetes a un precio menor que en internet. Nos sorprendió que nos pidieran los pasaportes a la entrada de la terminal.

Unas cuantas compañías hacían el viaje hasta Armenia. Expreso Bolivariano es una de las más conocidas pero también más cara. Expreso Palmira los vendía a mitad de precio y el bus era bastante cómodo, hasta tenía wifi y puerto USB! (los autobuses en Latinoamérica le dan mil vueltas a los españoles). Elegimos ese, aunque aprendimos a no hacerles caso con el tiempo estimado del viaje, nunca era cierto. Al tiempo que te dijeran, debías añadirle un par de horas más. También es cierto que salir de Bogotá en plena hora punta fue una odisea y por lo tanto el viaje que supuéstamente iba a durar 7 horas, duró 9.

La carretera estaba llena de curvas, especialmente desde Ibagué, los barrancos se sucedían, la música de radio 1 sonaba a tope y el conductor adelantaba por la izquierda o por la derecha según le daba. Luego más adelante me iría acostumbrando a esta manera de conducir tan normalizada.

El bus paró en uno de los múltiples restaurantes de carretera donde las gallinas corretean por debajo de la mesa. Comimos una bandeja que llevaba de todo: lentejas, arroz, ternera, plátano frito y patata que además incluía la bebida.

Ya en Armenia, salimos de la terminal para coger una pequeña buseta, sin maletero llena de extranjeros. Se tardaba casi una hora en llegar.

Salento

Salento era un pequeño pueblecillo super turístico y también la base para adentrarte en el valle del Cocora. Había alojamientos para todos los gustos. Nosotros escogimos un hostal a la entrada del pueblo llamado Cattleya, nombre con el que se identifica a la orquídea más famosa de Colombia. Tenía unas buenas hamacas con libros y información de los alrededores, muchas plantas, gallinas y un perro/ lobo encantador. El desayuno se servía al aire libre, estaba incluido en el precio y estaba buenísimo: café de la región, queso fresco, tortilla o huevos al gusto, pan y rodajas de plátano.

 

En Salento disfrutamos mucho paseando por sus calles de casas de colores, y subiéndo las escalinatas hasta los miradores ( el de Salento y el Alto de la Cruz) desde los que se veía tanto el pueblo como el valle. Impresionaba ver todo tan verde y de tantas tonalidades distintas, las águilas sobrevolando las montañas…La verdad que costaba irse de allí.

vista del valle desde el mirador

Una de las tiendas que había en la Carrera 4 exponía y vendía unas preciosas fotografías de paisajes de Cocora. La atendía una chica bogotana que estaba harta de la gran ciudad y había venido a esta parte Andina colombiana a sanarse ( como ella decía) y a encontrarse a si misma. Ya éramos dos.

La calle real era la principal y también la más colorida. Anteriormente había unos bancos de madera más bonitos pero los sustituyeron por otros de cemento. La calle estaba repleta de tiendas de souvenirs, bares y restaurantes y músicos tocando. Las flores colgaban de los balcones y la cumbia sonaba a todo volumen en algún coche aparcado.

Calle Real

En la calle Real había un bar muy auténtico llamado Danubio que parecía sacado de películas del oeste. Estába lleno de hombres viendo algún deporte en la televisión o jugando a las cartas mientras bebían cerveza o aguardiente. Alguno yacía desplomado sobre la mesa después de innumerables tragos. Lo mejor de todo es que además tenía varias mesas de billar donde estuvimos pasando la tarde.

La plaza principal en donde estaba la iglesia de Nuestra señora del Carmén era un sitio muy animado. Como dio la casualidad de estar en Salento en en día festivo ( el día que se celebraba la batalla de Boyacá) muchos colombianos habían aprovechado a pasar aquí el puente. Rodeando la plaza había muchos puestos de comida, de helados, refrescos o artesanías. Los niños jugaban a futbol, corrían de un lado a otro y las parejas y las familias paseaban.

Productos típicos

La especialidad gastronómica de la zona era la trucha, servida con patacón que son trozos de plátano frito y que se utiliza en muchos países latinoaméricanos como acompañante aunque también se

patacón con todo

puede comer solo con queso, trozos de carne o el típico ” patacón con todo”.

La bebida que tampoco se podía dejar de probar es el canelazo, hecho a base de aguardiente, panela y agua de canela, aunque aquí también se le añadía un poco de limón. Tradicionalmente se bebe en las regiones montañosas de Colombia, Perú y Ecuador.

La panela, por su parte, es el sustituto del azúcar y realmente es azúcar en su estado más puro, sin manipular y por lo tanto más sano.

Finalmente si por algo es conocido mayoritariamente esta región colombiana es por el café. Colombia es uno de los principales productores de café del mundo aunque tal como nos contaron las mejores variedades son las que se exportan. En Salento hay varias fincas donde te explican el proceso de elaboración de esta adictiva bebida. Nosotros queríamos ir a la de Don Elias pero el camino nos llevó a la del Ocaso. Organizaban tours tanto en español como inglés. Por el horario la hicimos en inglés y fue bastante personalizado ya que solo estábamos nosotros y una pareja de israelitas. El guía se llamaba Mateo y explicaba muy bien. Lo primero que hicimos fue atarnos unas canastas a la cintura para recolectar granos de café. Estuvimos viendo diferentes especies de plantas para aprender a identificarlas como la arábica o la robusta. Los granos en ocasiones eran rojos y en otras amarillos según la especie, en Colombia sobre todo se cultivaba la arábica.

plantas de café

Me sorprendió ver la cantidad de capas que tiene el grano de café, había diferentes máquinas que se encargaban de quitarlas aunque todo se hacía aquí de una forma muy rudimentaria, en ocasiones había partes del proceso que se realizaban a mano, todo ello con el objetivo de que no perdiera su calidad. La vaina del café no se tiraba sino que servía para abono, todo el proceso se desarrollaba de forma ecológica.

 

Finalmente probamos el resultado final. Nos enseñó a hervirlo, el agua tenía que estar entre una temperatura de 80 y 90 grados, si estaba a más, el café se echaba a perder porque se quemaba. Lo cierto es que a pesar de ser un café de alta calidad a mi me pareció aguado y amargo, pero según nuestro guía es así cuando mejor se puede apreciar su sabor.

Datos prácticos

Salento a pesar de ser un pueblo mega turístico es bastante pequeño y hay pocos cajeros automáticos. Nosotros tuvimos la mala suerte de que los que había se estropeasen o se quedaran sin fondos, teniendo por ello que volver a Armenia. Recomiendo llevar el dinero que se necesite en efectivo para pasar los días que se consideren allí.

Presupuesto

noche de hostal en habitación doble: 80.000 pesos =23 euros

bus de Bogotá a Armenia: 35.000 pesos = 10 euros

buseta a Salento: 4200 pesos = 1,20 euros

tour del café: 16.500 pesos =4,71 euros

plato de trucha + bebida: 16000 pesos =4,57 euros

botella de agua: 2000 pesos = 0,57 euros

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *