Botas de siete leguas

Otávalo

Otávalo es conocido en todo el país por su inmenso mercado artesanal. Tiene su máximo apogeo los sábados, cuando los puestos se despliegan por todas las calles del pueblo y se convierte en sí mismo en un mercado viviente. Los otavaleños son una comunidad campesina próspera que vive del comercio y de la venta de sus productos tanto a locales como a turistas. Están todavía muy arraigados a sus costumbres, por ejemplo en lo que a la vestimenta se refiere; las mujeres van con blusas blancas con bordados y faldas y los hombres suelen llevar el pelo largo recogido en una trenza, pantalones blancos, poncho y sandalias. El pasado inca todavía está muy presente, el quechua es la lengua nativa, aunque la mayoría habla y comprende español sin problemas.

Desde que, tras la conquista española se estableciera una gran fábrica de textiles y se introdujeran nuevas fibras y utensilios, el mercado de Otávalo no ha parado de crecer y constituye hoy uno de los principales mercados de toda Latinoamerica.

Boda otavaleña

Otávalo se encuentra al Norte del país, en la sierra andina y  rodeado de volcanes como el Cotacachi, el Imbabura o el Cayembe. Se localiza a dos horas de Quito, desde donde salen buses cada 20 minutos. Hay que dirigirse a la Terminal Terrestre de Carcelén, algo más a las afueras que la de la Ofelia y seguir al vociferador que anuncia los buses que están a punto de salir. Lo más probable es que al verte gringo ellos te encuentren a ti, antes que tu a ellos.

Otra de las cosas que me gustaba de Ecuador, al igual que otros países latinoamericanos, era el funcionamiento del bus, que paraba allí donde lo solicitara el viajero, o paraba para recoger en la carretera a aquél que lo pidiera. Se podía demorar horas pero me gustaba aquella forma de viajar, sin prisas. Los pasajeros subían con sus bolsas cuadradas de plástico llenas de verduras, frutas o maíz, así como a veces con alguna gallina o pollo enjaulado. Todo ello hacía que el autobús oliera y sonara a mercado. Los vendedores ambulantes no desaprovechaban la ocasión de subir en cada parada y ofrecer al viajeros todo tipo de dulces o tentempiés.

Dos horas después, el bus nos dejaba en la polvorienta terminal. La mayoría de alojamientos se encontraban en la Plaza de los Ponchos, la del mercado artesanal.

Como Otávalo es pequeño, se puede ir caminando desde la Terminal. Nosotros tuvimos la suerte de llegar precisamente un sábado así que el pueblo estaba abarrotado de gente. Me llamaba la atención la estatura de las personas, muchos no sobrepasaban el metro y medio!

Las probabilidades de encontrar un alojamiento barato son mayores cuanto más se aleje uno de la Plaza de los Ponchos. Nos quedamos en un hostal muy recomendable que se encontraba a tres cuadras de la Plaza: El hostal El Geranio, con unos dueños muy amables y un desayuno espectácular con mucha variedad de productos de la zona: bollos con mantequilla, mermelada, café con leche, huevos revueltos con vegetales y jugo, cada día de una fruta diferente y desconocida para nosotros, como la naranjilla, la guayaba o el tomate de árbol. (La naranjilla venía a ser lo que en Colombia se conoce como Lulo)

La Plaza de los Ponchos

Sin duda es el principal atractivo turístico del pueblo de Otávalo. Este es un gran lugar para comprarse un poncho o un jersey de piel de alpaca. Aquí hay puestos de todo tipo de cosas: telas, tapices, ponchos, jersey, gorros de lana, guantes, artesanías, fruta, verdura, lechón asado, animales, comida típica etc. Hay tanta variedad que uno no termina por decidirse. Es imprescindible regatear fuerte ya que es probable que encuentres el mismo poncho o jersey en otros tenderetes del mismo mercado. En mi caso, conseguí bajar el precio de un jersey de 22 dólares a 12! El precio siempre dependerá de las dotes de negociación que tengas.

El Mercado de animales – No apto para animalistas

Este mercado tiene lugar los sábados y para verlo hay que madrugar bastante ya que suelen terminar sobre las 7 de la mañana. Aquí los ganaderos de la región venden sus vacas, cabras, alpacas, gallinas, cerdos o caballos a los comerciantes de los puestos. Hay quien le causa curiosidad ver este espectáculo,mi consejo es que si eres defensor de los derechos de los animales ni se te ocurra pasar por aquí, no es muy agradable de ver como los tratan.

Museos y Parque Simón Bolivar

Además de los mercados por los que es famoso el pueblo, también hay otras cosas interesantes para ver, como el museo de tejidos el Obraje donde se explican las diferentes técnicas utilizadas en la confección de ropa o el museo con forma de colibrí Kinti Wasi, un centro que expone la cultura de la región y ofrece distintas exposiciones. El Parque Simón Bolivar, en la que se encuentra el ayuntamiento, es la principal plaza del pueblo y continuamente está llena de gente que pasea o se sienta a conversar con los demás. Para cuando llegamos nosotros, se celebraban las fiestas del Yamor, o fiestas de la cosecha, y tienen lugar conciertos de cantantes locales, concursos de belleza y bailes folklóricos.

 

Parque Simón Bolivar

Cascada del Peguche

Si nos alejamos un poco del pueblo podemos  llegar a esta cascada, que se encuentra a unos 3,3 km.Se puede ir caminando, siguiendo las vías del tren( 45 minutos aproximadamente) o cogiendo el bus de la cooperativa Imbabura en la terminal.

Para acceder se paga la voluntad. El dinero obtenido se destina a la conservación del entorno natural en el que se encuentra. Creo que es una buena idea que hagan esto ya que al menos sabes a dónde va a parar tu contribución.

Una vez allí se llega a la cascada mediante un sendero que atraviesa algún que otro puente de madera. Es un lugar al que van muchas familias con niños, de hecho hay unas piscinas junto  al río, camping y lugares para hacer picnic. También nos encontramos un árbol conocido como el árbol de la fertilidad, por el tronco curioso que tenía. Parecía que tuviera granos. Lo de dar estas cualidades a diferentes elementos de la naturaleza era muy común para los incas, solían considerar sagradas las montañas, las rocas, los ríos o los árboles que tuvieran algo diferente, como por ejemplo, el árbol el Lechero, situado también en los alrededores de Otávalo.

El lechero y nuestra primera experiencia haciendo autostop

La caminata al lechero es otro de los muchos  paseos agradables que se pueden realizar por los alrededores de Otávalo. Me estaba gustando mucho este sitio porque había sitios increíbles cercanos a los que se podía ir a pasar el día.

El lechero era un árbol legendario muy querido por los otavaleños, con su propia leyenda y significado. Al considerarse un punto sagrado, los lugareños venían a rezar al sol, la luna y las estrellas para que sus cosechas fueran generosas. Todavía hoy se realizan ceremonias y ofrendas de choclo y otros alimentos en etapas de sequía o con la ocasión de algún matrimonio o fallecimiento. También fue antiguamente un punto estratégico para avistar las tropas del enemigo ya que desde allí se tiene vista privilegiada de la Laguna de San Pablo, el volcán Imbabura, el pueblo de Otávalo, la montaña Fuya Fuya y el volcán Cotacachi.

El camino no estaba muy bien indicado, de hecho nosotros nos perdimos, pero con ayuda de los campesinos conseguimos llegar.  La verdad que tanto la caminata hasta allá arriba como las vistas una vez allí nos encantaron. Verte rodeado de enormes montañas te hace sentir insignificante, el volcán Imbabura tiene 4600 m y nosotros prácticamente lo veíamos desde la base.

La vuelta a Otávalo la hicimos en camioneta y fue una experiencia totalmente inesperada. Regresábamos sobre nuestros pasos al atardecer, cuando una pick up en la que iban dos familias nos paró al lado. Nos sentamos en la parte trasera, la del remolque e intercambiamos algunas palabras y sonrisas con una de las familias, que no eran de Otávalo, sino de más arriba, del páramo, un lugar donde según nos dijeron hacía frío y soplaba mucho viento. Uno de sus hijos dormía profundamente a pesar de los baches del camino y los padres que entre ellos hablaban quechua nos miraban con curiosidad como preguntándose que necesidad tendríamos de venir desde tan lejos a aquél lugar. Ellos no se lo imaginarían, pero estar allí, compartiendo aquél pequeño momento con ellos, nos hacía muy felices.

 

El volcán Imbabura

 

 

Montañas Fuya Fuya

 

El lechero

 

La Laguna de Cuicocha

Como decía, la región de Otávalo está llena de sitios naturales maravillosos. Una excursión que merece mucho la pena es la que gira alrededor de la Laguna de Cuicocha, en uno de los cráteres del mismo volcán Cotacachi (4944 m de altura). Esta laguna de 4km de largo y otros 3 de ancho,  se originó como consecuencia de la erupción volcánica hace miles de años y por si acaso lo dudabais, también es un lugar sagrado. Los incas la llamaban Tsuish Kucha que significa “laguna de los dioses” . Los chamanes de la zona  realizan allí ritos de purificación cada solsticio de verano. En medio de la laguna emergen dos pequeños islotes de roca volcánica llamados Teodoro Wolf y Jose María Yerovi separados por el conocido canal de los ensueños. Aunque existe la posibilidad de alquilar kayaks en la orilla, el acceso los islotes está prohibido.

Desde Otávalo, se toma primero un bus con destino Cotacachi y se baja en el pueblo de Quiroga. Despuéshay que coger una camioneta hasta el centro de observación de la Reserva Cotacachi-Cayapas (El bus ya para donde están estas camionetas). Allí empieza un sendero perfectamente señalizado de 14km que bordea toda la laguna. Se puede dar la vuelta en aproximadamente 5 horas pero el camino, con sus subidas y bajadas cansa si no se está muy acostumbrado a andar. Se nota además la altura (se sube a 3400m) y la radiación solar.

Las vistas de la laguna son realmente preciosas y en días despejados se puede ver la cima del volcán Cotacachi, al igual que los otros volcanes de los alrededores. Generalmente se suele nublar a lo largo del día, por lo que es bueno levantarse lo más pronto posible.

Los islotes

 

Vistas del volcán Imbabura


Presupuesto

Autobus Quito- Otávalo: 2,50 dólares

Habitación doble en hostal: 26 dólares

Comida en restaurante: 6 dólares

Bus a Quiroga: 0,35 dólares

Camioneta a la laguna Cuicocha (ida y vuelta): 6 dólares -Hay que negociar


 

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