Botas de siete leguas

Mindo

Mindo es un pueblecito rodeado de densos bosques cubiertos por la niebla. Es un  lugar de cuento, perfecto para levantarte con el cacareo de los gallos, disfrutar de la naturaleza, las cascadas y realizar senderismo. Es el paraíso de las aves y especialmente de los colibríes ( tal es su importancia que incluso en la plaza principal han construido un monumento en honor a estos pajarillos). Los habitantes del pueblo, conscientes del filón que supone el ecoturismo han abierto unas cuantas agencias, reservas privadas y hosterías para que los turistas puedan verlos en vivo.

Mindo, se sitúa al oeste de Quito, a tan solo dos horas y media en autobús. Este se puede coger en la Terminal de la Ofelia o en la Terminal de Carcelén ( hay más frecuencias). Los que salen de esta última terminal tienen como destino Santo Domingo de los Colorados y aunque no se meten en Mindo, paran en la carretera principal, junto al desvío. Allí se encuentran unos coches que te acercan al pueblo. Al encontrarse todavía en los Andes, la carretera está llena de curvas, se atraviesan montañas cubiertas de una vegetación subtropical, debido a los bancos de niebla permanentes y a las abundantes lluvias que allí caen.

El pueblo de Mindo es chiquitito, apenas cuenta con dos calles principales ( las únicas asfaltadas) No obstante, como cada vez es más conocido entre los mochileros, se están abriendo nuevos restaurantes y alojamientos.  A una de las calles incluso la han llamado la “gourmet street” . Allí hay un sitio muy bueno llamado Bio mindo Juice bar donde no solo sirven jugos, también platos deliciosos, como el lomo con salsa de café que me pedí.

Arroz con camarones. Bio Mindo

La tarabita-Santuario de las cascadas

En el pueblo ofrecen una gran cantidad de deportes y actividades de aventura, como tirolina, rafting, tubbing, tours para ver aves y otros animales, paseos a caballo etc. Nosotros optamos por hacer la Ruta de las cascadas, una corta excursión por el valle en la que se van atravesando pequeños saltos de agua. Tiene la gracia de que para llegar, se tiene que coger una tarabita, que es una especie de teleférico que sobrevuela la jungla ( las vistas son una pasada!) El viaje apenas dura dos minutos pero realmente impresiona.

Para entrar en el Santuario de las cascadas hay que pagar una entrada ( normalmente se compra un ticket combinado junto con la tarabita) No pudimos acceder a la cascada de la Reina ya que aquél día estaban haciendo labores de mantenimiento, pero sí vimos las demás. La cascada de Nambillo se encuentra a 20 minutos andando desde la entrada y las otras se pueden ver en in recorrido. Son más saltos de agua que cascadas propiamente, pero permiten bañarse donde uno quiera. El sendero además discurre rodeado en todo momento de plantas y árboles.

Observación de colibríes y paseo nocturno

Una de las actividades que ofrecen mucho en el pueblo son los paseos nocturnos. El más popular es el “concierto de ranas”, en donde te llevan a un lago para oir el canto de estos animalillos y también explican los insectos y luciérnagas que se encuentran por el camino.

Dio la casualidad, que después de caminar por el Santuario de las cascadas y estar empapados por la lluvia, topamos con una una hostería llamado “El descanso”. Era un negocio familiar dirigida por un naturalista, que antes había trabajado como guía en el paseo de las ranas. Ahora se dedicaba a alojar turistas (su próximo proyecto era construir una casa en un árbol), ofrecía su propio tour nocturno y criaba colibríes, o más bien les daba de comer. Había creado el habitat adecuado para atraerlos. Tenía colgados bebederos de color rojo que contenía agua con azúcar, simulando que eran el néctar de las flores, así como fruta cortada insertada en un gancho.

 Pedimos algo de beber y nos sentamos en aquella maravillosa terraza de madera situada frente al bosque, una ventana natural donde veías a los colibríes revolotear alrededor de los bebederos y a escasos metros de nosotros. Eran pequeñísimos y los había de todo tipo de colores! Aleteaban continuamente y hacían un ruidito muy característico. Estábamos tan encantados viéndolos revolotear que reservamos el paseo nocturno con los dueños de la hostería, a pesar de que a mi no me hacía mucha gracia lo de ver insectos por la noche.

El paseo de hora y media de duración fue un poco escalofriante, pero me vino bien para perderle “algo” el miedo o el asco a los insectos. El guía sabía perfectamente donde se encontraban y los iba alumbrando con la linterna para que los viéramos. Vimos las arañas escorpión, del tamaño de una mano. El cuerpo no era muy grande pero las patas podían medir 20 centímetros! y a pesar de su aspecto aterrador, nos contó que son inofensivas, no tienen veneno. Solo salen por la noche y se alimentan de cucarachas y grillos. También nos enseñó arañas leopardo, de manchas oscuras, grillos, luciérnagas, un par de ranas pequeñas y algo muy curioso, un tronco de madera resplandeciente. Nos contó que contenía unas bacterias que hacía que brillara en la oscuridad. El tour terminaba en la casa del árbol que estaban construyendo, a la que podías subir si querías.. Ya de vuelta en la casa nos dieron un par de canelazos para que nos fuéramos calentitos a la cama.

araña escorpión

Presupuesto

Autobus Quito -Mindo: 3 dólares

Taxi de la carretera principal al pueblo: 1,75 dólares

Habitación doble en hostal: 14 dólares

Camioneta hacia la tarabita: 2 dólares

Ticket tarabita + entrada al santuario: 5 dólares

Cena en restaurante. 9 dólares

Tour nocturno: 10 dólares

 

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