Perú

De Chachapoyas a Yurimaguas, historias de carretera

Nuestro principal propósito en la selva peruana era vivir la experiencia de viajar durante unos días a bordo de un carguero hasta Iquitos, la principal ciudad de esta zona de la Amazonía, únicamente accesible a través del aire o del agua. Habíamos visto vídeos de barcos que zarpaban de una localidad llamada Yurimaguas en la que los pasajeros aprovechaban el trayecto que el carguero realizaba transportando mercancías varias de un punto al otro. El viaje dura tres días y siendo que los barcos cuentan con pocos camarotes, la gente se lleva sus hamacas y las cuelga en cubierta, pasando unos días de lo más relajado pues poco más se puede hacer aparte de mirar la otra orilla, charlar con los demás pasajeros o tumbarse en la hamaca a leer un libro.

Estábamos en Chachapoyas y nos esperaba un buen trecho hasta llegar a Yurimaguas, no queríamos hacer todo de golpe y pensamos en detenernos a medio camino en la calurosa ciudad de Tarapoto. 

De Chacha a Tarapoto se puede ir en avión  con la compañía low cost  «Saeta» cuesta unos 220 soles si eres extranjero y 70 si eres peruano ( Si, hacen esta segregación discriminada)  así que siendo que nuestro presupuesto era ajustado y teníamos tiempo, miramos que opciones teníamos por carretera. Después de pedir información, nos pareció que no había autobuses de esos tan modernos y cómodos en los que habíamos viajado a Chacha, así que no nos quedó más remedio que poner nuestra vida en manos de las combis. Soy un poco exagerada pero me entenderéis cuando cuente un par de historias que nos ocurrieron viajando en estos trastos que dudo que hayan pasado en su vida la inspección de la ITV.

Pues bien, en la terminal nos montamos en la furgoneta de la empresa Selva en la que viajaríamos supuestamente durante 8 horas. La parte buena, que hablas con tus compañeros de viaje, la parte mala…viene ahora. El principio del viaje fue interrumpido por unos cuantos controles policiales, paradas a comprar sandías y para que se subieran o bajaran pasajeros y también, retenciones de tráfico por obras en la carretera. Al menos cada uno de nosotros ocupaba su espacio ( las combis  en Perú parecen el coche de los payasos en el que piensas que es imposible que quepan más personas PERO CABEN!) y el paisaje era tremendamente bonito y verde.

Compañeros de viaje

Justo después de parar a comer en un restaurante familiar de carretera y reanudar la marcha, el conductor se detuvo y abrió la puerta. Lo vimos inspeccionar las ruedas con cara de preocupación. Resulta que como los neumáticos estaban muy calientes del rozamiento, algunos de los pernos habían estallado al entrar en contacto con los charcos de agua. Y Solo quedaban tres que sujetarán la rueda a la estructura del coche!! Si no llega a ser porque el conductor oye un ruido raro y se paró podíamos habernos salido de la carretera perfectamente. Si hubiéramos llevado una rueda de repuesto, el tema se habría solucionado, pero para hacer esta historia más intrigante, ese no fue nuestro caso.

Por suerte para nosotros, un pasajero llevaba consigo una caja de herramientas e hizo un apaño equilibrando la rueda de detrás con algunos de los tornillos que sujetaban la rueda de delante. Esto nos hizo aguantar un tiempo, pero íbamos más lentos y cada dos por tres había que bajar del auto para revisar que todo fuera bien.

En un taller cerca de Moyobamba cambiaron las llantas y ya, respiramos.

Apaño en las ruedas
Mientras estamos parados

Tarapoto

Llegamos a Tarapoto después de 11 horas y poco pudimos a hacer esa noche. Tarapoto como ciudad no nos pareció nada del otro mundo, hacía mucho calor, era ruidosa por la gran cantidad de mototaxis y poco tiene más de ver además de su Plaza de armas. Sin embargo, se encuentra rodeada de selva y en sus alrededores se puede disfrutar todo lo que quieras haciendo actividades de naturaleza. La gente que va a Tarapoto de turismo va a ver las cascadas de nombre impronunciable que se encuentran a pocos kilómetros y que son la de Carpishuyacu ( te puedes bañar en un auténtico paraíso y además hay aguas termales en el camino) Huacamaillo, menos turística y a la que se llega tras dos horas caminando, la de Pucayakillo que fue descubierta más recientemente (45 minutos caminando) y Ahuashiyacu, la más turística por ser la de más fácil acceso, (muy cerca de la ciudad y a 15 minutos caminando). En todas ellas hay pozas para pegarte un baño. Aparte de las cascadas, se encuentra la Laguna azúl, en la pequeña localidad de el Sauce, a 54 km. Las aguas son cálidas porque hay un volcán inactivo al lado y se puede dar un paseo en bote o meterse dentro a bañarse.

Ya más alejado de Tarapoto, hacia el sur se encuentra el pueblo de Juanjuí. Allí se pueden reservar tours para ir a la cascada del Breo, la más salvaje y espectacular con 140 metros de caída y a la que solo se puede acceder en barco por el río Huallaga. Los tours organizan recorridos de dos días en los que hay que hacer noche durmiendo en tienda de campaña en la orilla del río. Una aventura que no suena nada mal.

Dejando un poco de lado lo natural, tenemos el pueblo de Lamas, famoso por ser el epicentro del folklore amazónico del distrito de San Martín. Lo más curioso es su castillo medieval algo extraño de ver en Perú. Pero no fue construido por ningún conquistador español, sino por un expatriado hombre de negocios italiano en 2005 que decidió darle un aspecto distinto a la ciudad después de que sufriera un terremoto.

 

Desayuno, jugo, maduro y juane

Yurimaguas

Dejamos atrás Tarapoto en otro auto, esta vez un cochazo donde íbamos únicamente Ismael y yoen la parte de atrás (Etrisa se llamaba la compañía). Esta vez solo eran dos horas y media de viaje y esperábamos que no se saliera ninguna rueda. Gracias a los adelantamientos kamikaces y al exceso de velocidad (las biodraminas me las tomaba como tabletas de chocolate con aquellas curvas) llegamos pronto a Yurimaguas. Allí nos dieron la bienvenida un grupo de mototaxistas que nos ofrecían llevarnos a la oficina de los Eduardos  que es la compañía en la que normalmente suelen viajar los extranjeros para ir a Iquitos. Según ellos aquél día no salían más barcos y nos decían que fuéramos a la oficina a preguntar por las horas de salida.

La oficina estaba cerrada porque era la hora del almuerzo y viéndonos el percal de que esto iba para rato, decidimos ir en busca de hostal para que nos guardaran al menos las mochilas En aquél momento no entendíamos como funcionaban las cosas pero el tiempo ya nos haría saber que necesitábamos tener paciencia, algo que con ese calor era complicado de llevar. Desconfiando de los mototaxistas nos plantamos en el puerto. Allí nos dijeron que efectivamente ningún barco tenía su salida prevista para hoy y que saldrían al mediodía del día siguiente. También que el pasaje no se reservaba, tu vas, pagas y te subes. Haríamos noche en Yurimaguas pues…En el fondo nos vino bien porque aprovechamos a comprar en el mercado lo que necesitábamos para los próximos días: utensilios de plástico para comer, dos tuppers, dos vasos para beber, tres botellas de agua de dos litros y medio, y por supuesto nuestras hamacas 🙂 Las comidas están incluidas en el barco, solo tienes que preocuparte de llevar los recipientes para que te la puedan echar.

Que ganas tenía de subirme al barco y amarrar la hamaca!

Catedral Virgen de las nieves, Yurimaguas

Presupuesto

Combi a Tarapoto: 35 soles

Habitación doble con baño privado en Tarapoto: 60 soles ( 80 soles en Yurimaguas)

Coche a Yurimaguas (por persona) 25 soles

Hamaca: 25 soles

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