Mitad de Mundo

Vista de los alrededores de mitad del mundo

Justo donde se divide la tierra en dos hemisferios, se encuentra este parque temático llamado Mitad del mundo, que se ha convertido, en realidad en una gran oficina turística de Ecuador. Allí se muestran aspectos de su geografía, su historia, gastronomía y tradiciones. Aunque a decir verdad, parece un poco turistada, nos hacía gracia lo de tener cada pie a cada lado de la línea divisoria del Hemisferio Norte y el Sur o decir mientras la atravesamos: “Ahora estoy en el Hemisferio Norte, ahora en el sur!”

Es fácil llegar desde Quito. No hay una única terminal desde la que salgan todos los buses, sino que dependiendo del punto cardinal al que quieras ir del país, debes ir a una u otra estación.

Para ir a Mitad de Mundo hay que coger un autobús en la Terminal la Ofelia, al Norte de la ciudad y al lado de un abarrotado mercado de productos agrícolas. El autobús tiene como destino Calacalí ( aunque viene indicado en un cartel también Mitad del Mundo).

En las taquillas del Parque se entregan mapas con el itinerario marcado para ver todas las distintas atracciones, que no son pocas! Hay tiendas de recuerdos y algún restaurante, pero lo mejor es llevarse la comida en la mochila porque los precios dentro, como todo lo que es turístico, son más caros.

Casas ancestrales

Nada más entrar, nos topamos con las casas ancestrales, una réplica de las viviendas tradicionales de cada una de las regiones que integran Ecuador según su topografía: sierra, selva y costa. Se muestran las costumbres, se exhiben objetos de uso cotidiano: armas, artilugios de cocina, de decoración, vestimenta, los productos que solían cultivar o los animales que domesticaban y que utilizaban para la agricultura. En una de las casas de la sierra, un chaman del pueblo de Otávalo, realiza una especie de ceremonia con plantas, maíz y piedras que iba quemando.

La Tzantza

La tribu que más me impresionó fue la llamada Shuar o jíbaros que todavía hoy siguen habitando una amplia superficie de la cuenca amazónica de Ecuador y Perú. Son un pueblo guerrero  al que ni los incas ni los españoles consiguieron derrotar. Se les conoce por la práctica habitual de la tzantza o reducción de cabezas, una tradición tenebrosa que se practicaba después de que dos jefes shuares se enfrentaran en una batalla. El jefe vencedor cortaba la cabeza del perdedor y realizaba el solo la reducción de la cabeza de su adversario usando para ello un cuchillo con el que iba desprendiendo, la grasa, las partes blandas y la piel del cráneo y la cara, la cual posteriormente metía en agua hirviendo junto con otras plantas al igual que el resto de la cabeza. Al dejarla secar se reducía a la mitad y posteriormente se procedía a coser la boca y los ojos. Finalmente se colgaba sobre el fuego para que terminase de reducirse hasta que tenía el tamaño de un puño y se introducía una piedra caliente para que la cabeza siguiera manteniendo su forma. El jefe entonces la guardaba como si fuera un trofeo de guerra.

No resultaba muy agradable leer todo esto ni mucho menos ver las cabezas disecadas. (aunque no fueran verdaderas). Pensaba que esta tradición haría mucho tiempo que no se llevaba a cabo pero me sorprendió descubrir que fue no hace mucho cuando el gobierno peruano y el ecuatoriano se pusieron de acuerdo para prohibirla. Se ve que a principios y mediados del siglo XX, los coleccionistas extranjeros fomentaban esta práctica mediante el comercio. Entregaban armas de fuego a cambio de cabezas reducidas.

Museo del cacao

Después de esta experiencia tétrica, entramos al museo del cacao, una caseta donde a través de distintos paneles informativos e interactivos se mostraban las diferentes variedades de cacao y la forma de elaborarlo.

Ecuador, gracias a su clima tropical, se encuentra dentro de los 10 países que más cacao cultivan del mundo, junto a otros como Costa de Marfil, Ghana, Brasil o Indonesia.  A la salida había una pequeña tienda donde podías degustar algún trocito y comprar algún detalle.

Monumento ecuatorial

Este imponente monumento piramidal con un globo terráqueo en lo alto y unas letras que marcan a cada uno de los lados, las coordenadas como si de una brújula se tratara, se encuentra la línea que marca la latitud 0, el punto más famoso del Parque y donde no puede faltar la foto con los pies a cada lado. Si además llevas el pasaporte, dentro te lo sellan para poder demostrar que has estado en la mitad del planeta. No obstante, esto no es del todo cierto; se equivocaron en los cálculos, y la verdadera línea divisoria imaginaria se encontraría unos km más al norte.

El interior del museo es muy interesante. En cada una de las salas se pueden realizar experimentos que explican el por qué de algunas teorías físicas, como por ejemplo lo que pesarías si te encontraras en el Polo Norte o por que la tierra se encuentra suspendida en el espacio y gravita alrededor del sol.

Mi peso en diferentes lugares

 

En la última de las salas se reproducen vídeos de la gastronomía y la cultura de cada una de las tres regiones ecuatorianas.

El Planetario

Merece mucho la pena esperar unos minutos para disfrutar del momento en que se apagan las luces y ves el firmamento sobre tu cabeza, las constelaciones y las millones de estrellas que se ven a través del telescopio. La proyección, que dura unos 45 min, es tan real que efectivamente parece que te encuentras en un viaje alrededor de los planetas.

Este planetario lleva en pie desde el año 1986, pero la historia de la astronomía en Ecuador se remonta mucho antes, al siglo XVIII cuando los franceses organizaron una expedición (Misión Geodésica) a Ecuador para medir un arco del meridiano. Tras la investigación determinaron que por allí pasaba el paralelo 0º 0′ 0”, hecho que posteriormente dio lugar a que el país se llamara Ecuador.


Además de todas estas atracciones, hay unas cuantas más dentro del Parque, como el museo de la cerveza, los Pabellones de Francia y Ecuador, el museo del pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, la Capilla o la Estación del tren que explica la historia del ferrocarril en Ecuador. La historia de este país está estrechamente ligada a este medio de transporte que a pesar de encontrarse en desuso todavía hoy sigue funcionando una de sus mayores obras de ingeniería:  la Nariz del Diablo, llamada así por el gran número de trabajadores que murieron durante su construcción.  Las vías atraviesan una montaña por medio de zig zags y curvas peligrosas que desafían los 800 metros de desnivel  que tiene la montaña. Esta tren se puede coger en la ciudad del volcán Chimborazo, Riobamba y tiene como destino final Alausí, situada a 84 km.

En los alrededores de Mitad del Mundo se encuentra también la reserva geobotánica Pululahua, un bonito entorno natural al lado del volcán que da nombre al Parque. Su última erupción es de hace 2300 años, es decir, se le considera un volcán activo. Esto no parece ser motivo de preocupación para la pequeña comunidad que todavía vive en el cráter, quienes habitan allí desde siempre y parecen vivir ajenos a la amenaza. Para ir hasta allá se puede hacer por medio de un tour (reservándolo en la oficina del parque) o por libre, cogiendo un bus que lleva hasta el mirador.


Consejos

  • Llega pronto para evitar las aglomeraciones. A veces hay que esperar  a que acaben los otros turistas de hacerse fotos en la línea amarilla.
  • Los Lunes el planetario cierra, es mejor elegir otro día para ir a Mitad del mundo.

Presupuesto

Bus de Quito a Mitad del mundo: 0,90 dólares

Entrada al parque: 7,5 dólares

comida en un restaurante dentro de Mitad del mundo: 4 dólares

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