Botas de siete leguas

Puerto Misahualli

 

No sabíamos muy bien en que pueblo quedarnos para ver algo de selva Amazónica, si Tena, Francisco de Orellana….los mejores lugares debían ser las reservas de Yasuní y Cuyábeno, cerca de la frontera con Perú, pero como más adelante pensábamos pasar unos cuantos días en la selva peruana y una amiga me habló bien de Misahualli, noa quedamos allí.

El pueblo funciona como embarcadero para los que navegan por el río Napo, uno de los afluentes principales del Amazonas. Es chiquitito, apenas cuenta con una plaza y una calle principal, los hostales se encuentran desperdigados en diferentes caminos. Aquí los tours son más baratos que en otras partes de Ecuador, pero también más rudimentarios. No obstante, es un buen lugar para navegar por el río, visitar comunidades nativas o visitar un centro de rescate de animales.

En el pueblo, los monos se cuelgan de los cables eléctricos conectados entre casa y casa. Hay que tener bien agarrado lo que lleves en la mano porque dicen que son bastante pillos y te quitan lo que lleves en un periquete.

El trayecto desde Baños no es directo, primero hay que coger un bus hasta Tena, la ciudad principal más cercana y conocida por la inmensa oferta de deportes de aventura. En otra estación próxima a la que te deja el bus, hay que coger otra buseta a Misahualli (son solo 18 km que se hacen eternos por el calor). Había que ver lo que cambiaba la temperatura de un sitio a otro, aquí la humedad se notaba muchísimo y el calor se hacía insoportable. Llovía bastante a menudo, de echo, justo en el momento en que bajábamos del bus nos pilló un gran aguacero.

Vimos una hostería preciosa, el France Cabañas Amazonía,, super recomendable si no tienes un presupuesto muy ajustado. (40 dólares la noche) Son cabañas con ventanas que dan al río.  Nosotros nos quedamos finalmente en el Hostal Clarkes, cuyo único atractivo era la gran piscina que tenía.

Después de un refrescante baño, comenzamos la búsqueda de tours por las agencias de la plaza. Los más populares eran las caminatas de varios días por la selva visitando comunidades indígenas o los paseos en canoa hasta la reserva biológica Jatún Sacha. ( “selva grande” en Quechua)  Son 3500 HA en total de bosque húmedo trópical y  fue creada con la finalidad de promover la educación ambiental y la investigación biológica así como la protección de la selva tropical.

Nosotros queríamos hacer algo en un día y que no fuera turístico. Un guía de una de las agencias, se ofreció a llevarnos por la selva, machete en mano, abriéndonos el camino y a explicarnos cada animal que viéramos. Sonaba muy atractivo, pero …NO LO FUE EN ABSOLUTO! Ahora os cuento por qué.

Nuestra aventura tarzanesca

Nos vestimos con pantalón largo, manga larga, todo largo con el objetivo de que no nos picaran los mosquitos. Nos echamos litros de repelente y crema solar y fuimos a la plaza, donde nos esperaba Hamilton, nuestro guía, vestido de militar , con una pañoleta en la cabeza y un largo machete. Ya con las pintas que llevaba ,teníamos que haber sospechado que nos esperaba un duro día de entrenamiento militar. (parecía que se iba a la guerra.)  Más tarde nos contó que se había pasado 21 años en el ejercito y la mayor parte de tiempo en la selva, por lo que se la conocía de maravilla.  Era un experto en supervivencia. ¿Estábamos en buenas manos?

 

el soldado Hamilton

 

En la agencia te prestan las botas de caucho, unas botas de goma para el fango con las que apenas puedes andar. Nos las pusimos y nos subimos a una canoa de motor. Al cabo de 20 minutos navegando por el río Napo, amarramos la canoa en unas rocas y nos adentramos en el bosque. Hamilton llevaba una mochila que debería pesar un copón con la comida, sanduches ( sanwiches) y mucha fruta.

Nos había asegurado que nos llevaría por selva primaria, cortando el la maleza con el machete. Vamos, que no había un sendero marcado, nosotros hacíamos el camino. Para ser la primera vez que hacía esto, la caminata fue demasiado extrema para mi. Pasamos 5 horas, subiendo y bajando por empinadas laderas, subiendo a rocas, atravesando ríos caminando por apenas dos palos de madera por los que intentábamos mantener el equilibrio, todo ello con un calor y una humedad insoportable. Nos resbalábamos, nos caíamos  y para colmo las botas no ayudaban.

 

La selva está continuamente atravesada por riachuelos

 

 La parte más divertida  del día fue cuando nos enseñó a hacer una liana y nos columpiamos en ella como si fuéramos Tarzán de la Jungla.  Era impresionante como aquellas ramas podían aguantar tanto peso sin partirse. Nos quedamos un buen rato balanceándonos entre los árboles y haciendo el mono..

 

No vimos ningún animal que nos llamara la atención, solo miles y miles de arañas y otros bichos. Hamilton nos contó que podía haber agunas culebrillas que se colgaban de los árboles y aprovechaban a morderte el cuello al pasar.  Varios cazadores habían muerto así. (después de oír eso yo ya estaba deseando que terminara el día). Nos enseñó la famosa hormiga bala, cuya picadura no es mortal pero el dolor es espantoso. La cogía como quien coge a una inofensiva hormiguita del parque, solos que esta era diez veces mayor.

Bebimos agua muy fresca del interior de una rama y observamos como Hamilton chupaba una ramita de una planta que según él tenía mucho potasio. Chupaba el interior de la rama que estaba lleno de hormigas rojas correteando. Nos ofreció y pareció sentirse ofendido porque nos negamos a probar ese manjar… Nos volvimos porque  realmente no estábamos disfrutando mucho, nos hacía falta estar en mejor forma física y Hamilton tampoco se molestaba en ayudarnos.

Los atardeceres en e Amazonas

Playa Fluvial

A la noche nos dimos un homenaje en un restaurante muy bonito : el Jardín, que se encontraba en la otra orilla del río. No solo el lugar era precioso sino que la comida estaba muy buena. Las mesas se situaban un jardín lleno de plantas tropicales, y una charca con patos y grandes peces rojos. Un buen final para este día lleno de aventuras. Mirad que buena pinta tenía esta ensalada!

 


Presupuesto

Buses a Tena y Mishaualli desde Baños: 6 dólares

Habitación doble con baño privado en hostal: 24 dólares

Caminata por la seva: 25 euros

Cena en el jardín ( precio por persona): 15 dólares


 

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