Perú

Adentrándonos en el Amazonas. Chachapoyas

Nuevo Tingo, unos kilómetros antes de llegar a Chachapoyas es una de las entradas al pulmón verde del planeta. Estábamos muy ilusionados de ver un pedacito de esta región repleta todavía de secretos por descubrir, una región no tan turística como Cuzco y el sur de Perú pero que tiene muchísimo encanto. Se cree que dentro del Amazonas existen ruinas antiguas cubiertas por vegetación que todavía no se han situado en el mapa.  Numerosos exploradores organizan expediciones para buscar indicios de otras civilizaciones y ciudades perdidas dentro de la espesura del bosque.

Chachapoyas, que en el idioma nativo significaba «hombres de la neblina» debido a la niebla que suele haber en el cercano cerro de Puma Urco, es una de las ciudades más antiguas de Perú. Fue fundada en 1538 por el capitán español Alonso de Alvarado, con el objetivo de convertirse en la ciudad más importante del oriente peruano. Sin embargo anteriormente ya  había sido habitada ( desde el año 900 hasta el 1470) por el propio pueblo de los Chachapoyas y durante unos años también formó parte del territorio dominado por los incas.

Actualmente es una ciudad de unos 32.000 habitantes con casonas de estilo colonial pintadas de blanco y con balcones y techos de madera. Vive especialmente del turismo ya que en las proximidades se encuentran el importante yacimiento arqueológico de Kuelap y la sobrecogedora Cascada de Gocta, aunque hay muchos más lugares interesantes y actividades que se pueden realizar.

Veníamos desde Chiclayo, que en autobús  eran aproximadamente diez horas de viaje. Decidimos tomar uno nocturno para que no se hiciera tan pesado. Por suerte, había autobuses con asientos reclinables hasta 180 grados de forma que prácticamente estabas tumbado sobre una cama. También tenían aire acondicionado, televisión, wifi y hasta repartían cajitas con comida! Todo un lujo.  Civa o Cruz del sur son algunas de estas compañías, más caras que otras pero que para viajes tan largos merecen la pena. Llegamos a Chachapoyas muy temprano por la mañana, cuando caía una fina capa de lluvia. Al salir del autobús vimos que el paisaje y también el clima había cambiado por completo y ahora nos encontrábamos rodeados de montañas y de una neblina que dificultaba ver a través de la ventanilla.

Llegamos con la expectativa de que Chachapoyas no sería más que un modesto punto de partida para ver los alrededores pero nos gustó mucho. Encontramos un hostal cerca de la plaza de armas. (Los alojamientos se suelen concentrar alrededor de esta plaza). Las calles que daban a la plaza estaban formadas por casas coloniales ahora reconvertidas la mayoría en hoteles, tiendas o restaurantes pero conservando la estructura tradicional. Dos restaurantes que nos gustaron mucho son el Gastrobar Amazonas 362 y el Café Fusiónes dentro de una casa colonial de la Plaza de armas, un lugar que además de servir riquísimos platos regionales y orgánicos, vende `productos de comercio justo elaborados en la zona.

Kuelap

Algunos comparan Kuelap con Macchu picchu  y  es que la principal muestra de la cultura pre inca de los Chachapoyas se encuentra en este complejo arqueológico,  en lo alto de un cerro, a 3000 metros de altura. Se estima por la ubicación o la altura de sus muros que pudo servir como fortaleza aunque no hay consenso respecto a ello. Lo que sí se sabe es que este asentamiento estuvo habitado en los años comprendidos entre el 1000 y el 1400 d.c. Los incas la conquistaron posteriormente y una vez que llegaron los españoles y fundaron la actual ciudad de Chachapoyas, sus habitantes fueron reubicados. Quedó en el olvido hasta 1843, año en el que se descubrió.

 Llama la atención la forma circular de las viviendas de piedra caliza que se extienden a lo largo de distintos niveles por la cima de la montaña. Se han contado en total 505 viviendas y algunas de ellas han sido reconstruidas para que el visitante se haga una idea de como eran. Otras ruinas relevantes son el Torreón y el Tintero, considerada una estructura en la que tendría lugar algún tipo de rito. Nos pareció que estaban muy bien conservadas y nos gustó ver como las plantas avanzaban y cubrían las piedras grises. La niebla que nos tocó aquél día le daba un aire misterioso que te hacía sentirte como en una peli de Indiana Jones. Para rematar el espectáculo aparecieron un par de vicuñas entre las ruinas para hacerlas todavía más fotogénicas si cabe.

Vista del paisaje montañoso de Kuelap
El tintero
Viviendas de planta circular

Para llegar al yacimiento cogimos una combi en la Terminal Terrestre de Chachapoyas y después un teleférico que subía al cerro donde se encontraban las ruinas. La combi nos dejó justo en la entrada donde se compraban los tickets. Conviene ir temprano porque la furgoneta sale cuando se llena y el teleférico cierra a las 16h.  Es normal además que los pasajeros de la combi se bajen a recoger alguna cosa o hacer recados y el conductor los espere a que terminen, así que el trayecto puede durar más de lo previsto. Habría que tener en cuenta que para ver Kuelap sin prisas harían falta dos horas al menos.

Encontramos la taquilla para comprar la entrada al yacimiento arqueológico donde nos dejó el telecabina y después subimos por un camino empedrado que remontaba la cumbre (otros 20 minutos).

Otra opción es coger una combi a Nueva Tingo y desde allí caminar durante tres horas, aunque la ascensión debe ser bastante dura y que según dicen las vistas son bastante repetitivas. El paisaje que se observa sin embargo durante los 20 minutos que dura el paseo en telecabina es espectacular.

Gocta

Gocta es una de las cascadas, más altas de la Tierra (771 m de caída) Ocupa la tercera posición en Perú y la decimoséptima del mundo. Es sorprendente que no fuera descubierta hasta el año 2002, cuando un explorador alemán, Stefan Ziemendorf la divisó cuando se predisponía a explorar unos sarcófagos en el margen opuesto. Hasta entonces la gente que vivía en su proximidad la conocía pero no se atrevían siquiera a visitarla por creencia y temor a que las leyendas que circulaban sobre sirenas y demonios fueran ciertas. La población vivía en absoluta pobreza, no utilizaban siquiera dinero sino que utilizaban el trueque como moneda de cambio. Fue en 2005, cuando la revista National Geografic publicó fotos de la cascada y se realizaron las correspondientes mediciones, que la vida de los habitantes cambió. Se hizo conocida y el turismo llegó. En el último año este fenómeno se ha notado especialmente, llegando a registrarse hasta 500 visitantes por día. Según nos contó el encargado de vigilar la entrada al parque, la comunidad estaba pensando en abrir un restaurante y un hotel que ofrezca también comidas rústicas, así como en abrir otro camino hasta el primer tramo de la cascada y mejorar y preservar el entorno. Este es el destino de los diez soles que se pagan por la entrada y que no son gestionados por el gobierno, sino por la propia comunidad.

Para llegar a las inmediaciones de la cascada se coge una combi en la misma Terminal terrestre donde se toman para ir a Kuelap. El destino es Pedro Ruiz, pero hay que decirle al conductor que la intención es ir a Gocta para que pare en el desvío a Cocachimba. Después se puede ir andando durante 14 kilómetros o coger un mototaxi que acerque al pueblo. Aviso que el que tenga problemas de corazón temerá por su vida cuando se monte en la combi y vea como toma las curvas el conductor. Sorprendéntemente los que nos acompañaban echaban una cabezadita como si estuvieran acostumbrados a ello. El río Utcubamba bajaba con mucha fuerza y las olas marrones chocaban con los enormes  muros de roca, salpicando de espuma. Tardamos alrededor de una hora en llegar.

Dentro del parque, se necesitan otras dos horas de caminata para llegar a la base de la cascada. El paisaje del valle es precioso, se atraviesan cultivos de café y bosques con densa vegetación. Las arañas con sus telarañas envuelven las rocas esperando atrapar el mayor número de insectos posibles. A lo largo del camino, que es de bajada casi todo el rato, hay un par de villas donde venden refrescos. Este recorrido también se puede hacer en caballo si así se prefiere. La cascada que poco a poco se va haciendo más grande a medida que te aproximas, te deja empapado si decides acercarte demasiado.

Las telarañas lo cubren todo

 

Por el regreso a Chachapoyas no hay problema, desde el pueblo de Cocachimba van saliendo combis, con mayor espacio y conducidas con mayor prudencia.


Aparte de Kuelap y Gocta, también hay otros lugares muy cautivadores por ver, como los sarcófagos de Karajía, un conjunto de ataúdes con forma humana ubicados en lo alto de un empinado barranco y que corresponden a la tribu de los chachapoyas o  también las cavernas de Quiocta, llenas de estalactitas. Pero además quien le sobren días días puede visitar el cañón de Huancas Sonche, el museo de las momias de Leymebamba, los mausoleos de Revash, la catarata Yumbilla (ojo, la quinta más alta del mundo y la última en ser descubierta – 895 metros) o subir al mirador de Luya Urco para mirar la ciudad de Chacha desde arriba.

Demasiados lugares naturales que se nos quedaron en el tintero y que no pasarán desapercibidos en la planificación de un futuro viaje al norte de Perú. Hay que ver que maravilla de paisajes, enamorada quedé de esta región y son muchas las ganas que tengo de volver.


Presupuesto

Autobus de Chiclayo a Chachapoyas: 70 soles

Alojamiento en habitación doble con baño privado: 60 soles

Teléferico a kuelap: 20 soles

Combi a Kuelap: 14 soles (ida y vuelta)

Entrada a Kuelap: 15 soles

Combi a Pedro Ruiz: 5 soles ( la de regreso desde Cocachimba 10 soles)

Mototaxi a Cocachimba: 6 soles

Entrada a la catarata de Gocta: 10 soles

 

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